Empleo en México: crecimiento insuficiente

El número de empleos formales creados en México en abril de 2026 parece bueno a simple vista, pero en realidad refleja la enorme debilidad por la que atraviesa la economía. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reportó la generación de 23 923 plazas formales durante el mes y un acumulado de 231 527 empleos en el primer cuatrimestre del año. Sin embargo, esa cifra continúa siendo insuficiente para las necesidades estructurales del país y ocurre derivado de una situación económica general deteriorada.

Ricardo Figueroa

México enfrenta una desafortunada combinación de malos resultados, entre los que destacan: desaceleración económica, inversión que acumula más de un año cayendo a tasa anual, menor dinamismo del consumo de bienes nacionales, inflación persistente, presiones fiscales y crecientes preocupaciones de las empresas. Esto se traduce en que tres de los cuatro motores internos de la economía, identificados como los componentes de la demanda agregada, han perdido fuerza de manera simultánea y eso termina impactando el mercado laboral.

El problema no es sólo cuántos empleos se crean, sino qué tan capaces son esos empleos de generar un círculo virtuoso de crecimiento económico, reducir informalidad y fortalecer el poder adquisitivo de los hogares. Porque mientras algunos celebran la generación de poco más de 23 000 plazas en abril, la realidad es que México sigue teniendo casi el 55 % de su población ocupada en condiciones de informalidad y todavía no logra recuperar por completo los empleos perdidos desde diciembre pasado.

No podemos ver la debilidad del empleo formal en el IMSS como un problema aislado; está conectado a la economía en general, la cual transita por una evidente etapa de estancamiento.

Un mercado laboral que crece poco

Aunque el dato de abril mostró una mejora respecto al desastre laboral observado en abril de 2025, cuando se perdieron más de 47 000 empleos formales, las características estructurales del problema no se han modificado.

De acuerdo con diversos estudiosos del tema laboral, México necesita generar alrededor de 1.2 millones de empleos formales por año para reducir de manera significativa la informalidad y absorber de manera adecuada el crecimiento de la población económicamente activa. Eso implica crear aproximadamente 100 000 empleos mensuales. Bajo esa lógica, las 23 923 plazas generadas en abril representan menos de una cuarta parte de lo requerido.

Además, una parte importante de las cifras recientes ha estado influida por el registro de trabajadores de plataformas digitales, fenómeno que distorsiona parcialmente la lectura real del mercado laboral. Sin considerar plataformas, las altas netas de abril habrían sido cercanas a 20 000 empleos y el crecimiento anual del empleo formal sería apenas de 0.8 %, no del 1.5 % que reporta el Seguro Social.

Más preocupante aún es que el mercado laboral sigue sin recuperar los despidos estacionales de diciembre de 2025. Al cierre de abril, la nómina nacional todavía se ubicaba cerca de 85 000 plazas por debajo de los niveles observados en noviembre del año pasado. Esto significa que, pese a varios meses consecutivos de creación de empleo, la economía aún no logra crear un crecimiento laboral sólido.

La debilidad también se observa en la estructura misma del mercado de trabajo. La tasa de informalidad alcanzó el 54.8 % en marzo y abril, lo que significa que menos de la mitad de los trabajadores mexicanos tienen acceso a un empleo formal. Y esto no es un problema menor. ¿Qué significa para las familias mexicanas vivir en la informalidad? Laborar en condiciones de informalidad implica menor estabilidad de ingresos, baja productividad, escasa protección social y un mercado interno mucho más vulnerable ante cualquier desaceleración económica. Estas condiciones no sólo afectan la calidad de vida de los trabajadores, sino que también impactan su capacidad para planificar un futuro más seguro para sus familias.

El deterioro laboral también tiene implicaciones directas sobre el consumo. Cuando los hogares perciben mayor incertidumbre sobre ingresos y empleo, se vuelven más cautelosos en sus decisiones de consumo. Y eso es lo que se ha venido observando en la economía mexicana.

Durante el primer bimestre de 2026, el consumo privado en el mercado interior creció apenas 1.7 % anual en términos reales. Pero el gran problema es que el consumo de bienes nacionales cayó 1.6 %, mientras que el consumo de bienes importados creció 11.9 %. Es decir, incluso el poco dinamismo que mantiene el mercado interno está beneficiando más a productores extranjeros que a la industria manufacturera nacional. Y entonces resulta lógico esperar que si la demanda interna pierde capacidad para impulsar producción local, también se reduce el incentivo empresarial para contratar más trabajadores formales.

Empresas cautelosas, inversión debilitada

La debilidad laboral que enfrenta México también es resultado directo del entorno empresarial que atraviesa el país. El empleo formal depende de manera directa de la capacidad y disposición de las empresas para expandirse, invertir y asumir riesgos. Y hoy la realidad es que gran parte del sector privado está trabajando con un elevado nivel de incertidumbre.

La inversión fija bruta acumula 18 meses consecutivos con caídas a tasa anual, cayó 3.0 % durante el primer bimestre de 2026, mientras la construcción se desplomó 8.6 % en ese mismo bimestre. Esto es preocupante porque la construcción es uno de los sectores con mayor capacidad de generación de empleo y efecto multiplicador sobre otras actividades económicas como acero, cemento, logística y transporte.

Cuando la inversión productiva pierde fuerza durante periodos prolongados, eso significa que las empresas han frenado su expansión, pero además han reducido su contratación, pospuesto proyectos y si les es posible, priorizado liquidez sobre crecimiento; y eso es lo que refleja el mercado laboral mexicano.

El entorno de costos continúa siendo adverso. El aumento en energía, combustibles y logística sigue presionando los costos operativos de sectores intensivos en transporte y de múltiples actividades manufactureras. Fitch recién advirtió que un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz podría elevar el precio del petróleo hasta 24 % este año, lo que tendría implicaciones importantes sobre costos de producción, transporte y cadenas globales de suministro. Y aunque en México la inflación al productor mostró cierta moderación en abril de 2026, el componente vinculado a energía sigue reflejando mayores presiones: mientras el INPP sin petróleo y con servicios creció 1.96 % anual, el INPP con petróleo y servicios aumentó 2.56 %, evidenciando cómo los costos energéticos continúan transmitiéndose hacia distintos sectores de la economía.

A esto se suma un entorno comercial mucho más incierto. Las presiones respecto a la revisión del T-MEC y las amenazas de mantener los aranceles de la Sección 232 (acero, aluminio, cobre, automotriz, entre otros) por parte de Estados Unidos continúan afectando decisiones de inversión de largo plazo. Aunque México mantiene fortaleza exportadora e incluso alcanzó una participación récord de 16.3 % en el comercio de productos de Estados Unidos durante el primer trimestre de 2026, eso no se ha traducido en una demanda amplia que genere suficiente inversión y empleo interno.

El problema es que buena parte del modelo exportador mexicano depende de cadenas globales de valor con alto contenido importado y relativamente bajo valor agregado nacional. Por ello, exportar más ya no garantiza mejores salarios, mayor formalización o un fortalecimiento proporcional del mercado interno. Dicho de otra forma: México es una potencia exportadora porque somos una potencia importadora.

Mientras tanto, las empresas siguen mostrando prudencia en sus decisiones. El Indicador IMEF permanece en zona de contracción y la confianza empresarial acumula 14 meses consecutivos en terreno pesimista. Incluso algunas importantes empresas orientadas al consumo masivo ya comenzaron a desacelerar aperturas o a realizar cierres de tiendas, ajustando sus operaciones ante un consumidor con menos ingreso disponible.

La caída en registros patronales también refleja este entorno. Al cierre de abril había inscritos ante el IMSS un millón 19 230 registros patronales, pero este número implica una caída anual de 2.7 %. Aunque el propio Instituto ha tratado de aclarar que esto no equivale automáticamente al cierre de empresas, sí refleja menor dinamismo en la existencia de nuevas empresas formales.

En síntesis, muchas empresas mexicanas están operando con cautela que se ve reflejada en conteniendo costos, moderación de la expansión, priorizando liquidez y reduciendo sus riesgos operativos. Y entonces resultan bastante lógicas las complicaciones para construir un mercado laboral verdaderamente robusto.

La creación de empleo formal registrado en el IMSS en abril de 2026 ofrece cierto alivio estadístico frente al magro crecimiento observado el año pasado, pero aun así está lejos de representar una recuperación sólida del mercado laboral. Las cifras oficiales muestran una economía que sigue con dificultades para generar el empleo que necesita el país. El problema de fondo es que la debilidad laboral es consecuencia directa de un entorno económico donde inversión, consumo, confianza empresarial y gasto público pierden fuerza al mismo tiempo. México enfrenta una desaceleración mucho más extendida y estructural de lo que sugieren algunos de los indicadores básicos.

Sí, las exportaciones son el único motor encendido de la demanda agregada, y con ello se sostiene una parte importante de la actividad económica. Pero el mercado interno está resintiendo la pérdida de poder adquisitivo, la informalidad persistente y la menor capacidad de expansión empresarial. Mientras la economía continúe registrando inversión productiva a la baja, incertidumbre comercial, costos en ascenso y crecimiento débil, será muy difícil construir un mercado laboral que pueda absorber debidamente a los millones de trabajadores que requieren empleos formales, estables y mejor remunerados.

Porque al final, el verdadero problema no es sólo que México esté creciendo poco. El problema es que estamos aceptando una economía en la que el crecimiento, por mínimo que sea, se considera un logro.

Alejandro Gómez Tamez

Economista, analista y conferencista. Director General de GAEAP y fundador de Economex Podcast. Especialista en economía mexicana, comercio exterior y geopolítica económica. En Economex publica análisis periódicos del entorno económico.

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Publicado en: Las cuentas claras

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